La buena fotografía

Cuando di mis primeros pasos en el mundo de la fotografía reconozco que hacía fotos sin criterio alguno. No sé a cuantos de vosotros os habrá pasado lo mismo, yo confieso que a mi sí me pasó, apretaba el botón de mi cámara sin ton ni son, enfocaba a lo que estaba quieto, a lo que se movía, a un árbol, una flor o a una calle. Hubo un tiempo en el que cuando llegaba a casa, al descargaba la tarjeta en el ordenador y veía lo que había hecho «se me caían los palos del sombrajo» como decimos por el sur. Me decía a mi misma, «pero si tengo una cámara aceptable, ¿porqué no saco buenas fotos?» esto me llevó a querer investigar más, me llevó a querer aprender, porque sabía de todas todas que lo que estaba haciendo era simplemente apretar un botón y gracias a esa búsqueda, gracias a leer artículos de técnica, blogs de prestigiosos fotógrafos y gracias al ansia de aprender me llevó a encontrar la respuesta. Al leer a Henri Cartier-Bresson descubrí en una de sus citas que «fotografiar es colocar la cabeza, el ojo y el corazón en un mismo eje», esta frase me dio que pensar, lo primero la cabeza, antes de disparar a diestro y siniestro empecé a pensar que era lo que quería obtener, el ojo, hay que entrenarlo para poder capturar la escena de una forma diferente como todos la ven, y el corazón, es lo que hace que puedas ver más allá de la misma escena, y lo que te hace ser capaz contar una historia o que al ver una fotografía tú formes la historia. 

Y sí, de una cámara aceptable pasé a una cámara de alta gama o profesional, esto fue porque el trabajo lo requería, no voy a negar que el avance de la tecnología nos ayuda a que las fotos estén técnicamente bien hechas aunque eso no significa que sea una buena fotografía.

 

Pequeños en un círculo virtuoso

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